Al-Quds, Baitul Muqaddas- Jerusalén -Historia de la Ciudad Más Sagrada de Todas las Religiones – P 1
Jerusalén, conocida también como Al-Quds en árabe, es una de las ciudades más antiguas y sagradas del mundo, venerada por las tres grandes religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo e islam. A lo largo de la historia, esta ciudad ha sido un símbolo de espiritualidad, fe y patrimonio cultural que ha influido en millones de personas. Según las tradiciones religiosas, Adán, cuarenta años después de construir la Kaaba en La Meca, estableció aquí el segundo lugar de culto para la humanidad, conocido como Al-Aqsa, que significa “el lugar más lejano de la oración”. Esta ubicación especial se convirtió en un punto clave para los profetas que siguieron, quienes edificaron, reconstruyeron y honraron este sitio sagrado.
Jerusalén es un lugar en donde muchas figuras importantes de la historia religiosa vivieron y enseñaron, incluyendo a Moisés, quien guió a su pueblo desde Egipto hacia esta tierra; el Rey David y su hijo Salomón, quienes establecieron su reino y construyeron el Templo, y Jesús, quien caminó por sus calles con María, celebró la Última Cena y ascendió al cielo desde este lugar. Para los musulmanes, Jerusalén también tiene un significado profundo, pues aquí se encuentra la Cúpula de la Roca, desde donde el profeta Mahoma realizó su ascenso al cielo durante el viaje del Isra y Mi’raj. La mezquita de Al-Aqsa, situada en el Monte del Templo, fue la primera qibla (dirección de oración) para los musulmanes antes de que esta cambiara hacia La Meca.
A lo largo de los siglos, Jerusalén ha sido escenario de grandes conflictos y conquistas, pero también de momentos de coexistencia pacífica entre las diversas comunidades religiosas que la habitan. En la época medieval, bajo el dominio de Saladino, la ciudad fue liberada y se restauraron sus lugares santos, asegurando la convivencia de musulmanes, judíos y cristianos. Sin embargo, en tiempos modernos, la ciudad ha enfrentado tensiones políticas y sociales que han puesto en peligro su carácter de santuario universal.
A pesar de los desafíos, Jerusalén sigue siendo un símbolo poderoso de unidad y diversidad religiosa, un lugar donde la historia y la espiritualidad se entrelazan, y un punto central para la identidad y la fe de millones de personas en todo el mundo. Su importancia trasciende las fronteras y sigue inspirando a quienes buscan paz y respeto entre las religiones.