🔴 Los secretos ocultos para conocer al Imam; secretos que transforman al ser humano🔴
Dichos del Imam al‑Yawad la paz sea con El
Prioridad de la religión sobre los deseos
قال الإمام الجواد (ع):
«لَنْ يَسْتَكْمِلَ الْعَبْدُ حَقِيقَةَ الإِيمَانِ حَتّى يُؤْثِرَ دِينَهُ عَلَى شَهْوَتِهِ».
El siervo no alcanzará la verdadera esencia de la fe hasta que anteponga su religión a sus deseos y pasiones.
Sabe que nunca estás fuera de la mirada de Dios; por lo tanto, observa cómo actúas.
Perfeccionar la inclinación (rukū‘
Quien perfeccione su inclinación (rukū‘) no será alcanzado por el terror de la tumba.
La humildad en la oración
قال الإمام الجواد (ع):
«الْخُشُوعُ زِينَةُ الصَّلَاةِ».
La humildad y la sumisión son el adorno de la oración.
Compañía de los insensatos
قال الإمام الجواد (ع):
«فَسَادُ الأَخْلَاقِ بِمُعَاشَرَةِ السُّفَهَاءِ».
La corrupción del carácter proviene de la convivencia con los insensatos.
Cualidades que atraen amor.
Tres cualidades atraen el amor: la equidad en el trato, la solidaridad en la dificultad y en la prosperidad, y volver siempre a un corazón puro.
*****
Liberación de la prisión
Abu Salat dice: Después del entierro del Imam Reza (la paz sea con él), por orden de Ma’mún estuve encarcelado durante un año. Tras un año, por la estrechez de la prisión y las noches sin dormir, agotado y desesperado, recé y me refugié en Muhammad (la paz sea con él y su familia) y en la Familia de Muhammad. Pedí a Dios que, por la bendición de la Familia de Muhammad, me concediera alivio.
Aún no había terminado mi súplica cuando el Imam Abu Ya‘far (la paz sea con él), salvador de los afligidos del mundo, entró en la prisión y dijo: “Oh Abu Salat, te has impacientado por la estrechez de la cárcel.”
Respondí: “¡Por Dios que estoy muy impaciente!”
El Imam dijo: “Levántate.” Tocó mis cadenas y los grilletes cayeron al suelo. Luego tomó mi mano y me hizo pasar junto a los guardias. Ellos me miraban, pero no podían hablarme. Salí de la prisión. Entonces el Imam dijo: “Vete bajo la protección de Dios; nunca la mano de Ma’mún te alcanzará, ni tú volverás a ver a Ma’mún.”
Abu Salat dice: Tal como el Imam dijo, hasta hoy no he vuelto a ver a Ma’mún.
Convertir tierra en oro
Isma‘il ibn ‘Abbás Hashimí relata: En un día festivo fui a ver al Imam Yawad (la paz sea con él) y me quejé de mi pobreza. El Imam levantó su alfombra, tomó un puñado de tierra y, por la bendición de su mano, aquella tierra se convirtió en un trozo de oro fundido. Me lo entregó. Lo llevé al mercado y pesaba dieciséis mithqales.
Convertir hojas de olivo en plata
Abu Ya‘far Tabarí narra de Ibráhím ibn Sa‘íd: Vi al Imam Yawad (la paz sea con él) tocar las hojas de un olivo, y esas hojas se convertían en hojas de plata. Yo las tomé del Imam y comercié con ellas en el mercado. Eran plata pura y jamás cambiaron.
Dar fruto al árbol de azufaifo ciando estaba ceco
Resucitar una vaca muerta, mujer yorando mi vaca murio y n tenga nada para mi sustento
El Imam dijo: “Si Dios la devolviera a la vida, ¿qué harías?”
Ella respondió: “Oh hijo del Mensajero de Dios, siempre Le agradecería.”
Entonces el Imam rezó dos raka‘ y suplicó. Luego tocó el costado de la vaca con su pie bendito, y el animal volvió a la vida
La mujer gritó: “¡Este hombre es Jesús, hijo de María!”
El Imam dijo: “No, sino que él es un siervo favorecido por Dios, uno de los sucesores de los profetas.”
La respuesta a la súplica
Abu Háshim dijo:
Un día, en un jardín, me presenté ante el Imam Yawad (la paz sea con él) y le dije:
«Señor, me he acostumbrado a comer tierra; ruega a Dios que elimine este hábito de mí.»
El Imam no dijo nada.
Después de unos días, me preguntó:
«Abu Háshim, ¿se te ha quitado el hábito de comer tierra?»
Respondí: «Señor, ahora no hay nada que me parezca más repugnante.»
Conocimiento del interior de las personas
Muhammad ibn Ali Hashimí, , dice:
Una mañana, después de la noche en que el Imam Yawad (la paz sea con él) se había casado con la hija de Ma’mún, fui a visitarlo.
La noche anterior había tomado un medicamento que me había provocado mucha sed. Yo era el primero en presentarme ante él esa mañana, pero no quería pedir agua.
El Imam me miró y dijo:
«Me parece que tienes sed.»
Respondí: «Sí.»
Entonces dijo:
«¡Oh siervo! Tráenos agua para beber.»
Yo pensé para mis adentros:
«Ahora traerán agua envenenada.»
Y me entristecí y me preocupé.
El siervo trajo el agua. El Imam me sonrió y dijo:
«Siervo, dame el agua.»
La tomó y bebió (para que yo estuviera seguro de que no estaba envenenada). Luego me la dio, y yo la bebí.
Después volví a tener sed, pero otra vez me daba vergüenza pedir agua.
El Imam dijo:
«¿Has vuelto a tener sed?»
Respondí: «Sí.»
El siervo trajo agua de nuevo.
Pensé: «Seguramente esta vez sí está envenenada.»
Y tuve miedo de beberla.
El Imam tomó el vaso, bebió un poco y luego me dio el resto, sonriendo
Muhammad dice:
«Al ver esto, creí que la creencia de los chiíes sobre él era verdadera: que él conoce los corazones y los secretos ocultos de las personas











